domingo, 29 de agosto de 2010

Facebook repost parte dos, no tiene título pero es del verano, por ahí.

La mente es como una embarcación a la hora de dormir.
Zarpamos, leven anclas.
El barco de mis sueños me lleva donde yo quiero.
A veces le pido que me lleve lejitos, cruzando océanos interminables.
A veces me acuerdo de la vez que me subí a la torre de Pisa, me tiré de cabeza y volé. Otras, de mi primera vez con Paul McCartney y de cuando anduve en elefante en la India, o de cuando caminé por un filo de gris en las alturas del cielo y me manché de sangre.
Otras tantas la balsa me lleva hacia el momento en el que te fuiste a pelear en la Guerra de los Cien Años para no regresar.
Por desgracia una vez me transportó hasta el momento en el que me operaron sin anestesia y a mi funeral, donde todos mis enemigos lloraban y mi gente me abrazaba y se reía.
En ocasiones y sólo si se me canta dejo un lugarcito, por las dudas, por si algún día se te ocurre naufragar en mi colchón, si esas casualidades nos re-unen.
Otras me despatarro y me caigo del velero, tiro manotazos de ahogado entre las baldosas y su oleaje.
Varias noches me abracé al acolchado y quise pensar que sí, que soñar no me costaba nada pero que lo que cuesta a veces es dormirse, que la vida es corta y sin embargo tan largos los letargos en los que uno puede caer, que me quiero teñir el pelo, qué qué hora es en tu ciudad, que la vida es larga y que el tiempo sin embargo se pasa tan rápido, que mañana tengo que ir al juzgado, y alguna fuerza que desconozco me arrastró al puerto cuando los pájaros ya cantaban.
Hoy tengo un insomnio sin cura que exorcizo escribiendo.
Bendito sea el momento en el que corto amarras, anclo levas, levo anclas, y digo parafraseando a la gran Scarlett O'Hara: "Tanto si están como si no están, gracias... Y buenas noches".

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