lunes, 23 de agosto de 2010

Repost de nota escrita para Facebook (se llama "Sobre sentirse protegido")

Hace unos días estaba hablando con alguien y terminamos conversando sobre que supuestamente soy "maternal y sexópata". Difiero bastante en lo segundo, pero en lo primero creo que tiene algo de razón. Sí, me gusta proteger y cuidar a otros. Me gusta mimar a los demás, que se sientan contenidos. Me gusta que la gente se sienta cómoda conmigo, hago lo que puedo. A veces no me sale, pero es lógico que así sea.
El dilema empieza cuando uno comienza a sentir que no da más.
También necesito que me apapachen, que me den bola. En ocasiones daría lo que fuera para que haya alguien del otro lado que me diga "te entiendo", simplemente.
La soledad es lo más puro y avasallante del mundo.
Y sí, tengo una vida hermosa, hay mucha gente que me quiere y a la que yo quiero. Pero a veces siento que me mando demasiado peso sobre los hombros. Y ganas de abrazar a alguien y llorar a moco tendido.
Soy fuerte, pero a veces me quiebro.
Peor es cuando veo que todos tienen su alguien, y justamente me da miedo de terminar como decía Bridget Jones, como una versión de Glenn Close en "Atracción Fatal". Si ven que me voy degenerando así, por favor dénme un shock en el orto a tiempo.
Por momentos necesito ese calorcito de hogar, esa chocolatada dulce que es el amor, al que hace bastante que no reconozco.
Al mismo tiempo hay épocas en las que pienso que mi vida está bien así, que la soledad que a veces siento es ilusoria, que no necesito nada más, que no nací para estar con alguien. Que lo mejor para mí son mi familia, mis amigos, mi perro, mi carrera. ¡Y lo son!
El tema es, me gusta amparar los espíritus de otros. Pero a mí, ¿quién me da refugio?

No hay comentarios:

Publicar un comentario