domingo, 12 de septiembre de 2010

¿cómo andás?

Es quizás -o al menos para mí- la pregunta más complicada de responder. ¿Por qué?
Porque cada vez que estás por contestar te comprometés y saltás o al sincericidio más pleno o a la mentira más cruda y vulgar. Al mismo tiempo, te exponés a muuuuuchas reacciones de parte del que pregunta.
Me explico.
A veces tengo la sensación de que cada vez que respondés al comoandás, como en la propaganda, es perjudicial pero conveniente contestar con un todobienyvos. Si saltás diciendo todomal, for example, que es lo que a muchos se nos cruzaría por la cabeza decir en infinidad de ocasiones, estamos en problemas. Enseguida se viene la mirada de carnero degollado del otro, ese porquéeeeeee como lastimoso y hasta peyorativo si viene de parte de alguien que mucho no te bancás, con la consiguiente avalancha de consejos si desembolsás aunque sea sintéticamente tu asunto o directamente el glacial frío de un "aaaaah, bueno ya va a pasar" como diciendo "no tengo la más puta gana de escucharte". Pareciera ser que si admitís que no estás pasando por tu mejor momento, la mirada del otro se torna insoportable: se condiciona como si se estuviera frente a un depresivo total, un emo de primera línea, una pobre mina sufrida o vaya uno a saber qué cosa. Y no es así.
Está bien estar mal. En algún momento te tiene que pasar que no des más con lo que te está pasando. Responder que estás mal o que no estás tan bien como quisieras no debería ser el pase libre a que te miren con lástima, a no ser que estés hablando con un amigo (por supuesto, si hablás con un amigo no va a reaccionar así, o eso es lo que se espera) o con alguien que de por sí es bastante sincero. Además, se puede estar mal anímicamente, cansado, agobiado, y seguir haciendo tu vida tranquilamente sin tener que estar hecho un mar de lágrimas y estar destrozado y, al mismo tiempo, sin falsearla. Da la impresión de que existe inclusive gente morbosa, que disfruta cuando le contestás un todomal. Tal vez sea esa la razón por la cual nos gusta más usar la careta.
Igualmente, no estoy diciendo que haya que contarle vida y obra a cualquiera que te pregunte cómo estás. Sólo quiero reivindicar un poco esto de intentar ser sincero con uno mismo, y no terminar somatizando los malos sentimientos por quererlos ocultar para que no exponerte a estas reacciones de mierda. Si se me murió mi compañera de hace diez años, tengo derecho a estar dolida y llorarla en paz sin que me digan "era un perro", por ejemplo. Lidiar con los reales pelotudos que no comprenden el dolor propio-ajeno, y que intentan vivir con una filosofía de optimismo barato y feliz ignorancia me rompe mucho los ovarios.

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